La placenta es un órgano que acompaña nuestra llegada a la tierra.
Se crea al mismo momento que el bebe y es quien permite su existencia, brindando oxigenación, alimento y eliminando todo tipo de desechos que no permiten su correcto desarrollo. Se dice que es la hermana gemela. Es quien conserva la información de la matriz del origen de cada ser que se encarna.
El alumbramiento de la placenta puede ser uno de los momentos más sutiles dentro de la escena del nacimiento. Hasta que ella no nació, el parto no finalizó. Y una vez que nace nos regala un montón de información en su árbol de la vida, ese árbol que trae impresa cada placenta de manera única.
No hay dos placentas iguales, ya que es el sello de esas tres almas entrelazadas. Es el tejido perfecto. En ese árbol de la vida, que presenta del lado fetal, vas a encontrar información que viene desde las profundidades y que cuenta un poco de donde venimos y hacia dónde vamos. No desde las predicciones, porque el futuro no existe, sino desde las energías que están disponibles para esa familia y sobre todo ese bebe o beba.
El encuentro con la placenta es de por sí, una medicina en sí misma, es volver visible lo invisible, es ver la sangre de todo ese linaje entrelazado. Es un momento de agradecimiento profundo y donde podemos ver en el mundo material algo que es parte del misterio de la vida.
Hace años con la institucionalización del nacimiento, las placentas son tiradas a la basura como residuo patológico, la mayoría de nosotros fuimos separados abruptamente de ella y en ese acto perdimos una parte nuestra.
En la placenta se codifican las memorias de nuestra alma, cuando llegamos a este mundo, la placenta se convierte en un puente entre el mundo espiritual y nuestra existencia terrenal.
En sus membranas, en el liquido amniotico, en el cordón, se codifica la información de nuestro Yo Soy, cada experiencia y aprendizaje que traemos de nuestro viaje espiritual.
Al separarnos tan abruptamente, nos desconectaron de nuestro YosoY.
“La vida sólo se hace comprensible cuando se la contempla en su totalidad, y no se toma solamente una única fracción de tiempo, que transcurre entre el nacimiento y la muerte. Esta fracción depende íntimamente de aquello que le precedió en la INNATALIDAD, en la vida prenatal del mundo puramente espiritual, dependemos con todo nuestro ser de aquello que sucedió en el mundo espiritual”.
(Innatalidad, Peter Selg)
Puedas entrar en contacto con las memorias de tu alma, con la esencia más pura de tu Ser.
Con todo eso que viniste a hacer en esta encarnación.
Es una propuesta que te acompaña a alinearte con tu propósito de vida.
Es un proceso donde encontrarte con las memorias de PLA-SER.Cuando estabamos conectados a nuestras placentas, no necesitabamos nada, lo teniamos todo, y simplemente eramos sostenidos mientras nos desarrollabamos.
Recordemos esas memorias. Vinimos a Ser.