Comencé este camino hace 8 años. El día que mis hijas gemelas llegaron al mundo, algo en mí también nació: la certeza de que quería acompañar a otras mujeres en su tránsito hacia la maternidad y a los bebés en su viaje desde el misterio hasta los brazos de su madre. Me formé como doula y luego abracé la medicina placentaria, donde descubrí que el puerperio es un territorio sagrado, y que la placenta es más que un órgano: es altar, raíz, puente entre mundos. Es la sombra que nadie quiere ver y que necesita ser alumbrada.
Desde entonces acompaño a que las personas se reencuentren con ella, la honren, la ritualicen, y encuentren en ese gesto un significado profundo para su historia.
Soy terapeuta, y en ese camino sostengo sanaciones, círculos de mujeres y ritualidades que celebran y abrazan la vida, no solo en los nacimientos, sino en cada transición, en cada umbral que pide ser cruzado y sentido con consciencia.
Hoy mi tarea es tejer todo lo que he recibido y seguiré recibiendo: cuidar el umbral entre lo que llega y lo que se transforma, acompañar lo corporal, lo emocional y lo espiritual para recordar, juntas y juntos, la vida toda puede ser ritual